lunes, 4 de enero de 2021

Cuando el verano se acaba y los árboles se quedan desnudos, cuando la noche ya no espera y se cuela desvergonzada por las ventanas. Es entonces cuando me toca volver. Cuando terminan los septiembres y las tempestades auguran oscuros comienzos. Algo así tiene que ser mi esencia. Un río congelado bajo la llamarada naranja del atardecer, unas termas hirviendo en mitad de una noche invernal. Coso mis disfraces a la luz de las velas, la magia no me abandona aunque a veces me atreva a negarla. La osadía de su existencia es más grande que yo. Sólo puedo dar las gracias por ser capaz de verlo. En la misma frase me digo adiós y me doy la bienvenida.

Presiento la nueva luna en camino. Se afila mi instinto más profundo, el que sólo a mí me incumbe. El impronunciable, el único, escurridizo y sabio. Yo bailo al ritmo de sus voces. Me desnudo porque así es como soy de verdad. Me observo sin máscaras mientras mudan mis pieles, mientras nacen de nuevo mis ojos inundados por la misma mirada. El filtro incoloro que compone mi esencia. Le doy la bienvenida de nuevo a mi antigua verdad. No quiso irse y nunca lo hizo. Fui yo la que me despisté y solté su mano. Es mi atención lo que nos mantiene unidas. Cuando me distraigo la realidad pierde su luz y su brillo, el reflejo colorido de las plumas de los pájaros. Pero ella nunca se va, soy yo la que deja de mirarla y se olvida de que existe. No quiero olvidarla más. Afilo mi atención hasta que atraviesa mi mirada, practico consciente el ejercicio de alimentarla, acariciar su rostro, besarla, sacarla a bailar. A cambio la luz de la verdad ilumina mis pasos. Siempre lo he sabido, lo que me aterra es pensar la de veces que he podido olvidarlo.


sábado, 28 de noviembre de 2020

"Nada es lo mismo, nada 
permanece.
Menos la Historia y la morcilla de mi tierra:
se hacen las dos con sangre, se repiten."

Ángel González, Glosas a Heráclito.


El viento arrastra consigo las ramas más débiles de la jacaranda. Yo observo las luces encendidas del edificio de al lado. Miro por el rabillo del ojo y prendo la sospecha junto con el cigarro. No sé si es miedo o instinto de supervivencia, hay veces que es demasiado difícil diferenciar. Otra maldita tarde de domingo, el último clavo ardiendo me quema los dedos y me niego a mirar otra pantalla que no sea este folio en blanco. Hoy cada mirada esconde un juicio y la mía es la primera. Tengo el estómago revuelto, lleno de nudos que no pueden desatarse, que están fuera de mi alcance. Reflejos psicosomáticos de tender al sol las verdades, de reprimir los gritos y dejar que la historia se empañe de nuevo con sangre para que no deje de repetirse. Las calles que han sido metáfora de libertad se visten de luto con una sonrisa de orgullo, sólo se escuchan sirenas y risas y no puedo hacer otra cosa que bajar la persiana. El tiempo se ha convertido en máquina y nos ha llevado al pasado, la ignorancia le hace de argamasa a la estructura. Los pensamientos libres se escapan pero el resto de pensamientos son los que forman esta jaula que hoy y siempre es aquello que llaman patria. La rabia y la impotencia bailan con la tristeza en la boca de mi estómago. Yo sólo quiero vomitarlo todo y tirar de la cadena, hacer como si nunca hubiera pasado, olvidarme de que nunca ha dejado de pasar. No es nada nuevo, lo sé, esto no descubre la podredumbre pero la legitima. Cada nueva noticia, cada nueva declaración, cada nueva conversación es un golpe de castigo. No paramos de retroceder metros y, a estas alturas, la linea de ensayo parece una utopía. No sé qué sentido tiene este escrito, que no es poema sino problema y que no sacia ni cura esta herida antigua y profunda que se llama España.

Todas tus ciudades se derrumban, se está convirtiendo en polvo gris todo lo que maldigo con mi mirada. Es de día y aun no salgo de casa, por no desatar las plagas del fin del mundo, por no tener que esconder el poder de la verdad dentro de mi abrigo. Tengo los bolsillos llenos de piedras invisibles y casi que me arrastro por las aceras si el sol se decide a seguirme. Espero a la noche, como antes. Espero a la oscuridad y el peligro, a las luces artificiales y los maullidos lejanos de las gatas en celo. Escribo mientras tanto, mientras la luz solar rodea en círculos mi caverna, mientras bajo persianas, bebo té y hablo sola. El cenicero se llena y yo intento vaciarme, dejar salir a los monstruos, callar las voces, respirar. Abro las ventanas para saludar al invierno, me desnudo para sentir y espero el momento. ¿Qué quiero decir? Construyo un escenario físico, una estructura vacía, un medio infinito sin final al que llegar. Construyo un decorado que le haga la competencia a la industria de la realidad, trato de escapar un poco de todo eso que soy, de todo eso que me han hecho ser. 

Tiro del hilo para no hacer bola. Llego a casa y enciendo el medio cigarro que no me pude fumar, pasa lo mismo con las emociones. Todo lo que he podido tragarme me sale en forma de vómito. Me pregunto el sentido aun sabiendo que no lo tiene, me empeño en inventarlo pero el absurdo vuelve a golpear mi puerta hasta que la derriba. Necesito aire. Necesito creer que otras maneras son posibles, necesito vivir esa posibilidad. Otra luna llena iluminando lo oscuro pero por dentro hoy no hay estrellas ni satélites. Otro ciclo a punto de empezar revolucionando mi cuerpo para destruir lo que creó. La misma soledad de siempre. Quiero salir de este bucle y no hablo de mis hormonas. El mundo exterior es brillante sólo en apariencia, en el fondo está podrido y yo me empeño en esparcir las semillas como si eso sirviera de algo.

viernes, 27 de noviembre de 2020

Otoño

Labios heridos buscando un beso.

El bálsamo del verso

es lo único que conozco.


La osadía del folio en blanco

mirándome con descaro.

Las verdades hechas sangre

ensuciándome las manos


Sin pensar le abro mis brazos.

Aquello que sea que venga

aquí me tendrá esperando.

jueves, 26 de noviembre de 2020

 ¿Se puede vivir con medio corazón?

Se me hace de noche escribiendo canciones que nunca verán la luz del día. Las condeno al harén de mis demonios para que no tengan que enfrentarse al calor canino de los soles. Tengo un agujero en el centro del pecho enmarcadito en cristal para ver a través, y a veces relleno el vacío con árboles, otras con mares en calma, otras con la ceniza de todos los cigarros que ahora no puedo compartir. Antes de la Pandemia (porque así se escribirá en los libros de historia), el pecho me sangraba y el agujero era más pequeñito. Nada que no llenasen unas risas, un poco de filosofía idealista mezclada con los restos de la fiesta del día anterior pudriéndose sobre la mesa. Ahora, en el mundo DP, al despertar ya no hay amigos durmiendo en el sofá, ni charlas infinitas hasta que amanece, ni drogas compartidas en la oscuridad del backstage. Ahora, en el mundo DP, avanzo sólo con medio corazón como si eso tuviese sentido, porque el otro medio se ha inmolado sin remedio al no compartir carretera, cables, amplis e ilusiones. Yo lo llamo a gritos pero no aparece, si acaso se asoma cuando la nostalgia me inunda, y vuelve a su sitio como diciendo "este es el duelo que no puedo superar". Mi medio corazón de cuero, nocturnidad y alevosía, de rabia hecha música, de verdades escupidas y cuerpos enérgicos que se chocan. Mi medio corazón de humo y carretera, de cuerdas rotas y sueños brillantes, de dormir donde nos dejen, comer lo que haya y agradecerlo. Mi medio corazón que prefiere morirse de amor a morirse de hambre aunque el hambre y el amor al arte sean la misma cosa.

No se puede vivir con medio corazón. Se puede sobrevivir.

Pero eso, 

para las personas como yo, 

no es suficiente.



jueves, 19 de noviembre de 2020

Si quieres te lo susurro al oído:

Nada es verdad.

Todo está permitido.


Si las palabras han perdido todo su sentido, qué hago aquí excavando su tumba con mis manos, llenando mis uñas con sus restos, rezando por volver a encontrarme con ellas. El tiempo se ha diluido en imágenes deformadas y ya sólo queda presente. ¿Acaso no es esto lo que quería?

Cuando hace sol no suelo abrir demasiado la persiana para no espantar a mis instintos, los necesito intactos. Existo con todo lo que eso conlleva y escupo las emociones por miedo a que se pudran dentro de mí.

Me siento viva. Tengo tres fuegos ardiendo dentro de mí que al principio sólo fueron cerillas, semillas de incendio, principios buscando su oscuro final.

Detrás de mi frente se acurruca mi esencia y la luna negra quiere venir a tumbarse con ella. Detrás de mi pecho se expande sin tregua, tiende las preguntas al sol de las respuestas, se sequen o no, no se desespera. Dentro de mi útero despierta la bestia, desnuda sale aullar a la luna llena, mueve poseída sus brazos, sus piernas, baila libre y salvaje alrededor de la hoguera.



lunes, 16 de noviembre de 2020

 Si sólo hay presente... 

¿porqué me llama a gritos 

una niña 

que se parece demasiado a mí?


Quiero dejarla entrar de nuevo,

preguntarle por qué se fue.

Pedirle que me perdone

por haber dejado que este mundo

me haga adulta

tantas veces.